domingo, 6 de febrero de 2011

Descansar, tumbarse a su lado mientras tu alma se sumerge en esa paz tranquila llamada felicidad, que envuelve tu cuerpo y te hace sentir partícipe de una relación armónica con la naturaleza. Es el estado al que todos aspiramos, pero al que es muy difícil llegar, y muchos se pierden en el camino, llevados por la ansiedad del que no ve fin a su búsqueda y se pierde en las brumas del espíritu agitado que hace revivir al fantasma que duerme dentro de nosotros mismos, que se levanta, nos domina y nos hace caer en las pasiones más devastadoras, que nos destruyen y dejan marcas que nunca desaparecen del todo. Salir de ese estado es posible, pero aun así nada vuelve, debe ser lo mismo. Ya caí una vez y siento que volveré a caer, sin que yo pueda remediarlo. Como es el atravesar un pantano en la oscuridad, en el que solo hay una senda, pero al intentar seguirla caes en las aguas estancadas, y luchas frenéticamente por volver a ella sin conseguirlo.

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