tu carne temblando bajo la tela
en el tierno abrazo
que, inesperado,
me diste.
Me gustaría otra vez sentir
tu risa amiga
de mis bromas inocentes
que sólo buscaban
divertirte
¡Cuánto mudaría
si pudiera
de mi fútil ser
para en ti despertar
la llama que otros,
sin quererlo,
han prendido!
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